Termino mis clases del día, faltan casi dos horas para que me den un aventón a casa.
El clima es un dulce fresco y seco de Monterrey en otoño.
Estoy sentado en una de las pocas bancas que reciben sol y que está menos zurrada por las urracas frente a la biblioteca de la universidad.
No me siento muy bien, mis antebrazos fríos por el efecto secundario del antidepresivo, que además me hace pensar que soy defectuoso.
¿Qué hago? Voy a la cafetería “Borrego” frecuentada por los y las nice y populares, no creo que acepten a este defectuoso.
Mejor entro a la biblioteca a seguir leyendo sobre temas como “Cómo Ganar Amigos e Influir sobre las personas” de Carnegie.
Excelente libro, funciona solo si las intenciones son honestas y con empatía, si no, los resultados son breves y efímeros.
En varias ocasiones he escuchado a mi cuñada Jessica decir «no leyó a Carnegie», cuando el tema es de alguien abrasivo o confrontativo.
En mi refugio leí muchos libros sobre de cómo influir, manipular y leer a las personas, destacan la falsa dicotomía y la manipulación con estadísticas.
Recientemente me doy cuenta de que esto que consideraba una derrota me ha ayudado mucho en lo personal y en los negocios.
En múltiples ocasiones he sido bien remunerado por asistir juntas para interpretar a las personas.
Mis reportes son algo así como:
- El tema x no les interesa, los perdimos o aburrimos…
- Cuando se mencionó xx, se les “abrieron los ojitos”, es importante para ellos…
- Están en contra de xxx, se alejaron y cruzaron los brazos y piernas…
- Hicieron hincapié en xxxx, tema que no habíamos considerado, interesante…
- Se refirieron a xxxxx con una frase algo despectiva, para ellos es de valor desechable…
- Fulanito(a) estaba en la junta para medirnos (tal para cual, jajaja)…