Entre mi esposa Ania+ y yo tenemos 16 ahijados.
Siempre me da gusto: convivir y platicar con ellos: ver cómo están, saber de sus actividades y cuáles son sus planes a futuro.
Tenemos dos ahijados con el mismo nombre Alex, un día le llamé a uno de ellos, pero me equivoque1 de ahijado al marcar.
Cuando me di cuenta aproveché en platicar con mi otro ahijado, le pregunté cómo le iba, me contesto1 que en sus actividades extracurriculares le iba muy bien, pero en la escuela no tan bien, ya que «“no es lo mío”».
Luego le hablé al otro ahijado, para indagar también cómo estaba y qué estaba haciendo.
Sobre todo porque estaba participando en una iglesia en videos para la web. Me dijo estar muy contento y le gustaba participar en esta actividad.
Cuando le pregunte que le pareció el sermón del domingo me contestó «“yo no soy religioso”».
Me dio gusto ambos ahijados se expresaran sin vacilar.
En mi tiempo esto causaría toda una revuelta, los poderes fácticos dejarían caer el martillo con toda la ira de los dioses y la autoridad.
