10 a.m. y estoy en un estado Hevel etílico: despertar poroso, poco sólido y medio vapor.
La cruda de siempre, pero con doctorado.
Dormido y en camino a Monterrey con mi concuño Guillermo para encontrarnos con nuestras esposas para reunirnos en Monterrey en un congreso odontológico que atendían.
Iríamos de Matamoros a Monterrey vía Mcallen y luego cruzando a Reynosa rumbo a Monterrey, evitando un poco de tierra de apaches.
Afortunadamente yo no manejaba, iba de pasajero y la fila del puente estuvo lenta para cruzar, pude dormir algo, pero no lo suficiente.
En una parada a cargar gasolina en Harlingen, Texas, Guillermo me menciona el whats y feis están parpadeando y sonando como una maquinita tragamonedas de las Vegas que anuncia que después de invertir demasiados dls, recuperé la mitad de mi inversión.
Otra balacera más, parece que cerraron los puentes.
Ya acostumbrado y tristemente climatizado a estos eventos donde en más de una media de docena de veces escuché detonar lo que creo eran granadas, me volví a dormir el resto del trayecto.
Cuando llegamos al hotel donde era la sede del congreso odontológico, ya habían reportes de primera mano.
No fue cualquier tiroteo, y para no hacer el cuento muy largo, esto dice Wikipedia.
Los reportes de primera mano y casi de primera línea, venían de los dentistas y asistentes del consultorio de Ania y Jessica a una cuadra de distancia del enfrentamiento.
Las paredes del consultorio están hechas con ladrillos ligero Hebel, con muy buenas propiedades térmicas pero muy ligeros, porosos y poco sólidos.
Varias balas penetraron el consultorio que atendían pacientes, uno de ellos rompió un gran cristal y otro perforó una tubería de AC.
Los pacientes, dentistas y asistentes que estaban en la clínica tomaron resguardo en la casa de mis suegros, está contigua al consultorio.
Comentaba mi suegro que los refuerzos del cartel llegaban por oleadas, jóvenes con cuernos de chivo que se les salían de las manos y sus disparos elevaban, dejando mucha evidencia en las paredes con cicatrices.
En resumen, mientras en Matamoros las balas atravesaban las paredes de Hebel, yo atravesaba una cruda de dimensiones bíblicas.