“Perjodido” fue la última maldición que aprendí en mi niñez, y la aprendí de mi maestra Licha, en sexto de primaria.
Solía decirnos “estás perjodido” cuando alguno de nosotros hacíamos o decíamos alguna “pendejada”.
Ya no hacen maestras ni profesores así.
- Espanol: se sabía todos los copretéritos, gerundios, participios y verbos irregulares.
- Geografía: podía ubicar países y capitales del mundo, así como los estados y territorios de México.
- Historia: relataba con detalle que don Bomberito Juárez tocaba una flauta de bambú mientras cuidaba ovejas.
A mi compañero Víctor, cuando se desesperaba con él, le decía: “Tenías que ser la chinche catrera”.
Con los años creo que probablemente Víctor tenía una forma leve de autismo, lo que le dificultaba captar la ironía o el humor.
A mi compadre Raúl, en cambio, no se cansaba de repetirle: “Estás manchando la garra”, sus dos hermanas mayores habían sido abanderadas en la escolta, y eso parecía obligarlo a comportarse con “honor familiar”.
Hoy, cuando pienso en los maestros y en la docencia, dos imágenes me vienen a la mente:
- Oaxaca
- Maestra de kínder que renuncio por no poder reprender a hijo de un narco.
They don’t write make ‘em like that anymore.

